Escuchar, aprender el “idioma bebe”. ¡Te quiero entender bebe! Parte 3

 


15 de mayo 2020 / por Ana Serrano

¿Qué me quieres decir? Las enseñanzas de Paul Hollinger Parte 3.

Escuchar, aprender el “idioma bebe”

¿Qué pudo haber hecho la mamá?

 

Hollinger lo menciona: En la segunda ocasión, la mamá pudo volver a decir algo al bebé en lugar de ignorarle: Nene, hablo con la abuela Tita, le quieres mandar un beso, un momento.

O bien “Ma aguántame un sec, voy a ver  al nene” y cerciorarnos de lo que quiere. En ambos casos el chiquito tiene que esperar un poco a ser atendido, pero no es ignorado.

 

 

¿Se entiende?

Quizá pensamos que corremos el riesgo de malcriarlo, por responder a sus demandas. En realidad no es sobre  atender, ni consecuentar de más, es ESCUCHAR. Y aún cuando no podamos resolver el problema, por  lo menos reflejar lo que pensamos que tiene el  pequeño,  con empatía.

 

Es aprender el IDIOMA BEBE. Y todos, de verdad, más felices.

 

Un problema muy frecuente es el discurso interno que tenemos contra los sentimientos incómodos, como el enojo, la tristeza, la desilusión.

Qué común es oír a los papás decir: “qué horrible te ves enojado” “o no seas chillón…” o “ya bájale, no fue para tanto” “no pasó nada”

 

El bebé de verdad está enojado. ¿Qué tal que ante un enojo nos digan algo similar? “Qué mal te ves con esa cara de enojada, yá bájale, no tienes razón”…

El enojo tiene muy mala reputación y es un sentimiento vital de sobre vivencia, necesario, útil y su represión es realmente dañina.

 

Un bebé debe sentirse seguro al manifestar el  enojo  en toda su expresión, sin temer la perdida de nuestro cariño. Cuando el niño registra que su enojo pone en riesgo nuestro cariño, podemos anticipar una huella importante en el cerebro y en la personalidad del niño .

 

No temamos. Un enojo, una explosión, un berrinche no es presagio de un delincuente. Al contrario. Puede ser contenido por papá y mamá. Y ser una oportunidad de autorregularse.

 

Cuidamos desde luego que no logre el objetivo del berrinche, que no lastime a nadie, que no se lastime.

 

Pero la manifestación del enojo está bien y es sano.

Con nuestra contención, la validación y el hecho de ponerle un nombre, el bebé va desarrollando día con día conexiones neuronales de regulación y de reconocimiento de sus propias emociones. Será un largo camino, desde ahora y a lo largo de su niñez.

El tema no es fácil porque en muchas familias se practicaba un enfoque diferente. Tendemos a actuar en automático. Por eso conviene la reflexión y la observación.

Hollinger nos señala como las señales desatendidas pueden transformarse e incluso escalar hasta niveles complicados.

Por ejemplo, un niño con hambre desatendido, va a pasar a angustia y a ansiedad y de ahí al enojo y al descontrol

 


 

Los Sentimientos incómodos como es el Enojo, nos confrontan.

Un bebe debe sentirse seguro al manifestar el enojo sin riesgo a perder nuestro cariño.

 


 

Un niño con miedo desatendido, pasa a terror.

Y en esta migración de señales, los papás nos encontraremos más perdidos aún.

 

El autor aconseja:

Maximizar las oportunidades de expandir el INTERES de los niños. Lo observamos, lo nombramos, gozamos con él y le ofrecemos más oportunidades  de  manifestarlo. Por ejemplo, lo vemos feliz mirando aviones.  Volvámonos “airplane  watchers”  reproduciendo   el vuelo del avión, tanto de sonido,  como  haciéndolos volar.

 

También podemos expandir y facilitar sus manifestaciones de sorpresa, de alegría y gozo.

Esto no solo le encantará al nene, sino a nosotros nos va a permitir pasar ratos muy padres.

 

Validar cualquier manifestación.

Si el bebé está enojado o triste, darle validez, no negarlo, ponerle nombre.

Permitir que se VENTILE, permitir la expresión de enojo, miedo o culpa, acompañando, abrazando con serenidad. Ya pasará…

 

Es más fácil presenciar una manifestación de enojo si sabemos que es normal y hasta necesaria. Si sucede en nuestra presencia, el niño tiene una gran oportunidad de auto regulación. Nosotros nos encargaremos que no manipule la manifestación de estos afectos de manera instrumental para obtener beneficio.

Cuando un niño está enojadísimo y le decimos: “No es para tanto” hay algo rarísimo alrededor. Esta furioso y lo que siente contradice lo que le decimos, aprenderá  a desconectarse de lo que siente y a reprimir el enojo.

Si el enojo es reprimido sistemáticamente con el tiempo se convierte en rabia contenida o en depresión.

¡Claro que no queremos esto para nuestros hijos!

 


 

Maximizar las oportunidades de Expandir el interés

 


 

Nunca es tarde para empezar con los pequeños.

Si nos reconocemos presentando estas actitudes negadoras o represivas: podemos pensar que el daño ocurre con los actos repetidos y sistemáticos, La huella que dejan se puede entender como un camino en la selva que se recorre muchas veces y termina por marcarse la ruta.

 

Si “la regamos” una vez, no dejamos un zurco en el camino.

  

Actuar para quitar o reducir los motivos de stress.

Tenemos más tarea cuando vivimos en nuestra propia familia de niños, un patrón de negación de sentimientos. El clásico: “Los niños no lloran” “Las niñas no se enojan”

En estos casos, alerta, tendremos que echarle más ganas a estar disponibles al enojo y a la tristeza.

 

Es común también que la tristeza de los pequeños nos haga sentir que estamos siendo “malos padres” sentimos la necesidad de que estén alegres todo el tiempo y nos sentimos amenazados por las lágrimas.

 

Es importante pensar que la tristeza es un afecto humano, necesario e importante.

 

Los niños tienen derecho a estar tristes o enojados, como lo tenemos nosotros.

 

Ir a la parte 4 del artículo.

Mi propia “APP” Empatía con mi bebé. ¡Te quiero entender bebe!

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