El currículum post pandemia


13 de julio 2020 / por Ana Serrano, Fundadora y Directora de Proyecto DEI

El evento de salud mundial (COVID-19) nos ha dejado con mucha incertidumbre y quizá algunas certezas.  La educación de los niños, desde los más pequeños, recibe un llamado a adaptarse a esta nueva realidad.  Ha dejado claro que es importante realinear el rumbo.

Cuidar a la tierra se vuelve una prioridad, no sólo como un tópico del currículum en el que temas como la ecología se estudien como materia, sino como un intento legítimo de conducir acciones de cuidado.  

Minimizar basura, reciclar, composteo, pequeños huertos, cuidar a las especies en extinción, emprender acciones de limpieza.

En general, valorar a la naturaleza y oponerse a la contaminación que no sólo afecta a nuestros microclimas, sino a todo el planeta.

Los niños parecen tener más consciencia de esto y necesitan del apoyo de escuelas y familias. [1]


Educación Emocional y generación de climas de bienestar emocional en las instituciones.

Durante mucho tiempo parecía un dilema de elección, o se optaba por educación académica cognitiva, exigente, competitiva, o se valoraba la educación emocional. 

Resulta evidente que, sin educación socio emocional, y climas de bienestar, la posibilidad de aprendizaje de temas académicos sencillamente no ocurre.

Es importante cambiar la ecuación.

La consciencia emocional, la posibilidad de reconocer en el cuerpo lo que sentimos, de expresarlo de manera asertiva sin dañar, es algo que no se aprende como materia, sino en la práctica cotidiana y con la convicción escolar de que el tema es fundamental y es indispensable convertirlo en un eje transversal de todo el currículum.

La pandemia ha colocado en primer plano al ámbito emocional.

El manejo emocional está resultando novedoso para muchos profesores. No es culpa de ellos, es falta de oportunidad y de énfasis en su propia formación.   

Como nadie puede dar lo que no tiene, la preparación será simultánea para profesores y para alumnos. ¡Ahora es cuando!

Estar bien emocionalmente, con un buen auto concepto, viviendo sin el estrés del bullying, teniendo la posibilidad de reconocer y de expresar emociones, resulta una prioridad.

Cuidar el ambiente escolar, con espacios de regulación de estrés, así como el bienestar del profesorado y de toda la red de adultos que intervienen en las escuelas, resulta también prioritario.


La ciencia es el tema per se, del currículum académico y de las facultades cognitivas.

Evidentemente sigue siendo relevante.  La carrera por indagar el origen del virus, prevenir futuros eventos y para generar medicamentos y vacunas, está requiriendo esfuerzos heroicos de los científicos de todo el mundo.  Colaborando unos con otros.

No se trata de menospreciar a la ciencia ni a la cognición, sino de reconocer el regalo de esta experiencia. La solidaridad entre los científicos de todo el mundo, la comunicación, la participación desde distintas trincheras, sin duda, darán por resultado un remedio médico mundial. 

Qué importante conservar lo positivo de esta carrera: El haber roto barreras entre países y universidades para potenciar y agilizar los resultados.

En este sentido, la ciencia y el desarrollo de la cognición siguen siendo importantes. Pero no como acciones de laboratorios individuales, compitiendo por la publicación científica laureada, sino como acciones, en las que el interés personal se subordina al interés social.  Es decir, la ciencia y la cognición, iluminadas por los valores de solidaridad han trascendido fronteras.

Currículum que “honra” al cerebro infantil y juvenil.

Auto regulación, honrando al cerebro.

El conocimiento del cerebro infantil y juvenil resulta una herramienta invaluable en la generación de este nuevo currículum

Las neurociencias nos aportan cómo el cerebro va madurando de manera progresiva con el tiempo, al inicio está inmaduro y requiere de un contexto coherente y afectuoso para ir adquiriendo auto regulación.

Conocer el ritmo de maduración y lo que requieren los niños en cada etapa, nos da una pauta a seguir.

Los niños y jóvenes necesitan vivir oportunidades de auto regulación, ir generando un auto concepto positivo, y la sensación de formar parte de una red social, en la que el individuo importa por si mismo, no por lo que tiene o por su aspecto físico.

Conservando facultades del hemisferio derecho

La educación ha tenido prisa por priorizar al hemisferio izquierdo, encargado de la lógica, las matemáticas, las lenguas, los conceptos, las categorías mentales, la comunicación verbal y por darle menos importancia al hemisferio derecho. Éste tiene visión de conjunto, capta la energía, el ritmo, la forma, mucho más relacionado con el cuerpo, el conocimiento y el registro emocional; la comunicación no verbal.

El distanciamiento físico que nos ha impuesto la pandemia, requiere de maneras diferentes de relacionarnos, para no perder la conexión social.   Creer legítimamente que somos antenas[2] y que no necesitamos tocarnos físicamente para sentir al otro.      Es una característica del hemisferio derecho, que está encendido en los pequeños y tendemos a apagar a lo largo de la educación, no se reconoce su importancia.  Es una facultad que se puede conservar, alentar.

La creatividad reside físicamente en la comunicación entre los dos hemisferios, en el cuerpo calloso.   Implica comunicación entre los dos hemisferios.  El mundo y cada uno de nosotros necesita creatividad, imaginación, flexibilidad, y eso lo da el equilibrio entre los dos hemisferios. 

¡Debemos despertar al hemisferio derecho, darle chamba! El fomento a la imaginación, la comunicación no verbal, la expresión, el arte, no es pérdida de tiempo ni cosa solo de niños.  Es de niños, sí, pero también de adultos. Los pequeños tienen el derecho de conservarlo y la educación requiere de un esfuerzo explícito por honrar a todo el cerebro; por conservar y alentar las facultades del hemisferio derecho:  música, arte, imaginación, fantasía, movimiento, corporalidad.

Solidaridad, gratitud y amabilidad.

Parecieran temas del pasado y realmente son urgentes hoy.  Para el individuo que se suma a acciones de solidaridad, implica la sensación de poder hacer algo en la crisis, potenciando su esfuerzo individual al integrarlo con acciones eficientes de ayuda.   Lo cual genera bienestar.

Somos seres sociales, cerebros sociales, corazones sociales. 

La educación individualista y competitiva, no dota de herramientas para afrontar una crisis como esta. La respuesta está en la visión consciente de que cualquier acto tiene repercusión en nuestro medio físico y social inmediato y mediato.

La educación solidaria y colaborativa se está perfilando como algo posible y deseable.

El trabajo online, nos ha demostrado que podemos estudiar al mismo tiempo en España, Colombia, México.  Es casi mágico lo que ha ocurrido.

Involucrar a la red de familias. 

Ha quedado claro que las mamás y papás se han vuelto educadores y habría que conservar esta tendencia.  No para cargarles la mano, sino para hacer red alrededor de los niños y jóvenes.

Para muchos niños, estar en casa con sus papás, fue una experiencia positiva.  

Es un momento de inflexión que podemos aprovechar para un cambio. Antes del regreso a lo anterior, conservar lo bueno, lo positivo e intencionar en la educación la inclusión de los temas que han emergido como urgentes y la consciencia del impacto global que tienen todos los actos individuales.

  • Cuidado de la tierra
  • La ciencia al servicio de la sociedad
  • Educación emocional progresiva.  
  • Cuidado del bienestar de los padres y cuidadores, de los ambientes educativos
  • Educación que honra al cerebro. Cuidando al hemisferio derecho y conservando sus facultades
  • Arte, expresión, creatividad, música, movimiento,

Educación solidaria y colaborativa, sobre la individualista y competitiva.

Cambiando la ecuación.


[1] En la encuesta de la niñez, conducida por el Pacto por la Primera infancia y Sippina, salió como un tema constante de preocupación entre los niños el cuidado de la tierra.  Primer ejercicio de participación Ciudadana 2019 Niños y Niñas de 0 a 6 años

[2] Conferencia Daniel Siegel “The neuroscience of Compassion” Participación en  “Radical Compassion Challenge” 21 al 30 de Enero 2020  organizado por Tara Brach

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